En España, en menos de diez años, la cerveza artesana ha pasado de ser un producto minoritario a una tendencia permanentemente al alza.

El consumo de cerveza artesana crece imparable en la hostelería y la restauración, pero también en los lineales de supermercados, tiendas especializadas en bebidas, tiendas gourmet y cervecerías; sin olvidar, por supuesto, su consumo creciente en las ferias de cerveza artesana que se multiplican por la geografía nacional en cualquier época del año.

 

¿Qué diferencia hay entre una cerveza artesana y una industrial?

Las cervezas artesanas se suelen elaborar en microempresas, de las que ya existen alrededor de 900 en todo el país. En ellas, cada maestro cervecero selecciona cuidadosamente sus ingredientes y crea sus “recetas” para obtener un producto casi de autor, con muy baja producción, único, evocador e irrepetible.

Para los entendidos, la calidad sería la primera diferencia entre una “craft beer” y una cerveza industrial. La cerveza artesana es un producto vivo y natural, que solo puede contener agua, malta de cebada (y/u otros cereales), lúpulo y levadura. No lleva aditivos ni conservantes, aunque en ocasiones también se añaden otros ingredientes naturales como frutas, flores o especias, que les confieren aromas especiales. Tampoco se permite su pasteurización, lo que, a diferencia de la cerveza industrial, preserva sus propiedades nutricionales.

En cuanto a su proceso de elaboración, como su propio nombre indica es artesanal y eminentemente manual en todas sus fases, incluyendo la filtración y el embotellado, y con prevalencia del factor humano sobre los procesos mecánicos o automatizados, como sucede con las cerveceras industriales.

Cómo elegir una cerveza artesana, lo básico para no iniciados

Elegir una cerveza artesana puede resultar algo complejo al principio y es normal quedarse bloqueado ante la gran variedad de tipos y subtipos.

Al principio solo distinguiremos entre la rubia, la tostada, la negra y la de trigo; entre las más dulces y las amargas, con más cuerpo o más ligeras, más o menos aromáticas, con mayor o menos graduación alcohólica… Aunque simples, estos pocos conceptos ya serían suficiente para entender las explicaciones del experto y elegir la cerveza más cercana a nuestras preferencias.

El siguiente paso es distinguirlas por su pertenencia a alguna de las tres familias en las que se agrupan según el tipo de fermentación:

  • Estilo LAGER de fermentación a baja temperatura, normalmente suave y seca, (como las Pilsen, Export, Negra, Bock, Ahumada, Münchner, Wien, Helle…)
  • Estilo ALES, de fermentación a altas temperaturas, intensa, afrutada y densa y quizá de las más consumidas, (como Bitter, Portero, Stout, Pale Ale, India Pale Ale (IPA), Brown Ale, Red Ale, Irish Ale, Scotch Ale, Kölsch, Dubbel, Tripel, Weissbier, entre otras)
  • LAMBIC, ácidas, fuertes y de fermentación espontánea, sin levaduras previamente seleccionadas, originarias de Bélgica (como Lambic, Gueuze o Faro).

 

Cata la cerveza artesana como un entendido

La información que lleva impresa la propia etiqueta de la botella nos dará las primeras pistas: graduación alcohólica, estilo, composición, tipos de malta y lúpulo, amargura (medida en IBU), fecha de consumo preferente, etc.

Para catar una cerveza artesana hay que observar, como mínimo, las siguientes reglas:

 

  • Nunca beber directamente de la botella, sino en vaso o en copa y, aunque existe un vaso adecuado para cada tipo de cerveza, ante la duda mejor en copa, ya que expresa mejor su aroma, lo que siempre mejora la experiencia.
  • La temperatura de servicio estará entre 4 y 12 grados, nunca helada, y antes de servir hay que dejar liberar un poco el gas de la botella.
  • Se comienza a servir con el vaso inclinado a 45º, dejándola caer por el borde y cuando llega a la mitad se endereza a 90º y se tira en el centro para hacer espuma al gusto, en general 1-2 cm, y más espuma cuanto más intensa o densa cerveza.
  • Después, se establece contacto visual: mirar su color, sus reflejos, su turbidez, el tamaño de su burbuja y su efervescencia, la densidad de la espuma y su adherencia en las paredes del vaso una vez consumida.
  • A continuación, llega el contacto olfativo. Dicen los expertos que hay que pasarla 3 veces por la nariz para extraer distintas secuencias de aroma, teniendo en cuenta que el gas liberado influye en la distancia del aroma, por lo que conviene acercar y retirar la copa de la nariz. Identificaremos los olores de sus ingredientes: la malta, olores dulces y acaramelados, los lúpulos a hierbas, heno o madera, y los fermentos a frutas, como ciruela, albaricoque, uvas….
  • Al fin llega el momento de degustarla: con un primer trago corto determinaremos si la cerveza es dulce, salada, amarga o acida, su astringencia y su efervescencia; con un segundo trago más largo dejaremos que los aromas antes percibidos se expresen y asocien con los sabores haciéndonos disfrutar…

 

Si después de tus primeras experiencias con la cerveza artesana te aficionas a ella y quieres ir aún más lejos en la cultura cervecera, también te puedes apuntar al “hazlo tú mismo”, tan de moda en la actualidad, y hacer tus pinitos en casa con alguno de los kits básicos de elaboración de cerveza casera que venden en el mercado.

 

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